Morcheeba: «Fue genial haber recuperado el nombre de la banda»

Skye Edwards habla de la vuelta del grupo con «Blaze Away», luego de algunos obstáculos legales. También se preocupa por el medio ambiente y recuerda anécdotas con fans arrestados y llenos de barro, antes de tocar en el Teatro Coliseo.

A fines de 2003, Morcheeba se separaba. Ya habían saboreado las mieles del éxito con álbumes como “Big Calm” (1998), certificado disco de platino y de oro en varios países. También habían recorrido gran parte del mundo, y los reconocían como uno de los grupos fundamentales del trip hop, el rock alternativo y el downtempo.

Pero la sociedad de los hermanos Ross y Paul Godfrey con la cantante Skye Edwards llegaba a su fin por “diferencias personales”. Para aquella época, la vocalista había pasado a ser la figura central de la banda, y muchos incluso pensaban que Morcheeba era, en realidad, su nombre de pila.

“Eso arrancó en Italia -explica Skye Edwards del otro lado del teléfono-. Hacíamos muchas giras promocionales e íbamos a varios programas, pero ellos dos no querían. Así que cuando me presentaban, decían: ‘Señoras y señores, ¡Morcheeba!’, y subía una sola persona, que era yo. Por ende, se corrió el mito de que era solista”.

El fenómeno se empezó a extender a la calle, y a todos los ámbitos a los que iba Edwards. “Les explicaba que mi nombre era Skye, y que a Morcheeba la formaban tres personas: los dos hermanos y yo. Pero todavía me pasa, y los corrijo siempre que puedo”, agrega con un riguroso acento inglés.

Al tiempo de la separación (los egos jugaron su parte), Morcheeba se reuniría con otras cantantes y sacaría dos discos: “The Antidote” (2005) y “Dive Deep” (2008). Y aunque las críticas no eran desfavorables, ya no era lo mismo sin la dulce y característica voz de Skye.

-Hace poco tocaron “Enjoy the Ride” en Estambul. ¿Cómo fue cantar uno de los temas que habían grabado con tu reemplazante?

-¡Es verdad! Lo habíamos hecho antes, pero no está fijo en el setlist. Cada tanto lo ensayamos en la prueba de sonido. A veces, la atmósfera y la energía del lugar son perfectas, y si es tu show propio, podés dar un concierto más largo. Esa noche varios lo habían pedido, y lo loco fue que tuve que usar mi celular para buscar la letra en Google, porque no me la acordaba. Hicimos dos covers también -se refiere a David Bowie y Beyoncé-, así que algunas jornadas fluyen y es divertido hacer algo distinto.

-Lo irónico es que en 2008, los hermanos te habían pedido que volvieras al grupo… ¡pero sólo para que grabaras esa canción!

-Oh, sí, es cierto. No era el momento adecuado para mí, y no me gustaba que me buscaran para cantar en un tema. Era como que te llamaran de tu antigua casa para que fueras un huésped, y que te echaran después de haber cenado. Pensaba: “Mmm, yo solía vivir ahí…». Era una sensación fea, y no estaba lista para volver de esa manera.

Finalmente, Edwards regresó al grupo en 2010, y todo pareció encaminarse. Pero fieles a su historia, la montaña rusa iba a dar otro giro: en 2014 se alejó definitivamente Paul Godfrey (uno de los hermanos). Y como un porcentaje del nombre «Morcheeba» le pertenecía a él, los dos miembros restantes debieron llamarse simplemente «Skye & Ross».

Ya en 2018, luego de haberse puesto de acuerdo en cuánto le correspondía a Paul por su parte de la marca, Morcheeba lanzó “Blaze Away”, su noveno disco. Después de tantas vueltas, la tranquilidad volvió al grupo: al fin y al cabo, Roma no fue construída en un día.

-¿Cuán importante fue poder usar de nuevo el nombre?

-(Piensa). Mirá, mientras hablo con vos estoy parada afuera de un pub en Londres, y hay un auto con una VW. Todos saben que es un Volkswagen, porque tiene el logo y la marca. Pero si le quitaras eso, ¿qué auto sería? Se vería y se manejaría igual, pero no sería un Volkswagen. El público estaba bastante confundido cuando girábamos como Skye & Ross. Nos preguntaban qué eramos: si simplemente dos personas sobre el escenario, si tocábamos canciones de Morcheeba o temas nuevos, o incluso si era mi proyecto solista. Pero en ese momento no queríamos ni podíamos dejar de trabajar, así que fue una solución temporal para continuar mientras los problemas se arreglaban. Obviamente, nos pusimos muy felices cuando tuvimos de nuevo el nombre. Trabajamos mucho para que Morcheeba creciera, y fue genial haberlo recuperado.

LA FAMILIA UNIDA

Más allá de que Skye Edwards y Ross Godfrey sean hoy los miembros oficiales de la banda, siguen una tradición clánica: el bajista, Steve Gordon, es el esposo de la cantante; y el baterista es su hijo, Jaega Mckenna-Gordon.

-¿Les cuesta dejar al resto en casa, con tantas giras?

-Hace algunas semanas tocamos en varios festivales ingleses, así que pude llevar a mis dos nenes más chicos. La más grande tiene 21 y ya no vive con nosotros, así que no es tan difícil. De hecho, es más fácil (risas). Creo que el problema de encontrar a alguien con quien dejarlos le pasa a la mayoría, pero me genera un montón de culpa trabajar tan lejos. Sin embargo, muchas veces estamos en nuestros hogares más tiempo que los padres que trabajan de 9 a 17 en una oficina. Solemos descansar dos o tres meses enteros en casa, así que encontramos un balance.

-¿Cómo empezó tu hijo a tocar la batería? ¿Los demás también siguen ese camino?

-A los quince, él ya se juntaba en nuestro garage con el vecino de al lado. Hacían música constantemente, y cuando Morcheeba necesitó un nuevo baterista, ya estaba por cumplir diecinueve años. Ross me dijo: “Bueno, propongámosle que se sume…“. Me sorprendió mucho su sugerencia, y así arrancó con nosotros. Encaja natural y brillantemente con el grupo. Mi hijo más chico toca algo de guitarra y empezó clases de piano, y tiene muy buen oído. La más grande ama cantar, pero es un poco tímida cuando la ven (risas). Y la más chica tiene cuatro años y le gusta bailar. Pero nos encantaría que agarrara un instrumento, definitivamente.

-Así que hay varias generaciones de mini-Morcheebas…

-¡Sí! Quizás, al haber crecido alrededor de la banda, ellos armen su propio grupo. Lo mismo con Ross, que tiene dos hijas que tocan el piano y otros instrumentos. Es genial, se ve que realmente está en la sangre. Y obviamente, los alentamos a que sigan ese instinto.

EL NUEVO ÁLBUM

-Sin Paul, que hacía gran parte de las letras, todas recaen en vos. ¿Cómo fue tomar las riendas al 100% en “Blaze Away”? Porque él componía cosas bastante oscuras.

-Es muy real que sus letras eran más darks. Yo venía de escribir a full para mis cuatro discos como solista, y luego para el de “Skye and Ross”. También se nos ocurrió juntarnos con otros compositores, pero empezaron a surgir los temas atrás del otro. En “Sweet L.A.” y “Blaze Away” colaboró mi cuñada, y a “It’s Summertime” lo armamos con Kurt Wagner, de Lambchop. Fue un proceso bastante fácil, y como vos decías, el espíritu de este disco fue más positivo. Era una celebración de tener de nuevo al grupo, de mirar adelante y seguir. No queríamos tirarlo para un lado demasiado dark, aunque veremos cómo será el próximo. Estoy ansiosa por escribir los temas del siguiente, de hecho ya compuse una letra sobre el océano. Cuando fui a nadar en Sardinia (Italia) me recordó al agua de Tailandia, y escribí algo que puse en mi Instagram. Es el comienzo del nuevo disco de Morcheeba, que seguramente saldrá en 2020 o 2021.

-¿Y te sentís diferente cuando cantás esos temas, con letras puramente tuyas?

-No tanto, jamás fue un problema que Paul las armara. Yo les ponía las mismas ganas. Amo hacer “Blindfold”, “The Sea”, “Otherwise”, “Rome Wasn’t Built In a Day” y “Trigger Hippie”. Son todas canciones fantásticas, con letras de él. También estoy muy contenta con mis discos solista, y podría tocarlos con Morcheeba sin que desentonaran. Igual, siempre hice las melodías vocales. Paul no quería más ser parte de la banda, así que estoy ocupando el lugar de letrista al 100%.

-Recién mencionaste a “It’s Summertime”, y Ross dijo que la concibieron pensando en cómo la gente consume los temas hoy: fueron directamente al estribillo, porque los humanos tenemos cada vez menos atención. ¿Eso los limitó?

-Es divertido que lo menciones. Nile Rodgers, que compone hace muchísimo, explicó en una entrevista que había que arrancar siempre con el estribillo. Fue una especie de experimento para nosotros, aunque no es demasiado nuevo para otros artistas. Al hacer un disco, tiene que haber algo pegadizo y radio-friendly, aunque mi último álbum solista es mi favorito y no tiene nada así. Todo depende de tu objetivo, realmente. ¿Lo paradójico? Que “Blaze Away” es feliz y luminoso, pero empezamos a tocarlo en el invierno (boreal). Luego fuimos a los festivales de verano, y ahí realmente funcionó bien. Siempre depende de cuánto tiempo tengamos, porque a veces son sets de cincuenta minutos. Pero la gente parece disfrutarlo.

-A “Paris Sur Mer” la hicieron en francés, y con Benjamin Biolay de invitado. ¿Cómo fue grabar en ese idioma?

-Cuando nos conocimos con él ya teníamos el tema, y escribió su parte la misma tarde. Quedamos muy contentos y yo propuse en cantar en francés, igual que Benjamin. Así que preparó mis oraciones. Fue fácil, porque no tuve que hacerlo todo de esa forma. Después dimos un show en París y decidimos tocarlo, y el desafío fue aprenderlo completo, incluyendo sus frases.

-¿Cómo lo lograste?

-Puse la canción mucho más lenta, para memorizarla verso por verso, oración por oración. Lo loco es que la esposa de Ross sabe francés, y cuando me escuchó, dijo que la letra no tenía sentido (risas). Eso me preocupó mucho, pero resulta que las composiciones de Benjamin son así, medio poéticas, y tenés que armar tu propia historia con las metáforas. En París muchos se sorprendieron con mi pronunciación, y me encantaría seguir con otros idiomas, como japonés o portugués. La novia de mi hijo habla perfectamente este último, así que podría enseñarme algo. Sé que muchos artistas, como Britney Spears, hicieron cosas en español. También sería interesante.

ENTRE EL MEDIO AMBIENTE Y EL DISEÑO

«En abril me fui de vacaciones a Tailandia, y tuve un conflicto interno, porque pensé: ‘yo también soy parte del problema ecológico’ -señala Skye, y su tono se vuelve serio-. Nos dieron toda la comida envuelta en material plástico, así que generamos un montón de basura. Era terrible. Volví pensando que a los ingleses no nos pasaba y que éramos buenos reciclando, pero estaba equivocada».

La vocalista se refiere a un posteo que hizo en Instagram hace unas semanas, con una foto de una playa llena de basura. Debajo se leían frases del megahit «The Sea», pero con alegatos sobre cómo destruimos el planeta.

Edwards cuenta la trastienda de la imagen: «Una noche, después de comer fish and chips en Bournemouth, vi una botella plástica tirada, y al lado un residuo, y otro y otro. Mi amiga y nuestros hijos empezamos a limpiar. De repente llené un balde con esa mugre, y dije: ‘wow, es un problema de todos lados. Creía que pasaba en Tailandia’. Me shockeó que tuviéramos esa hermosa playa, con un montón de gente disfrutando, pero que no les importara y dejaran todo en la arena -añade, frustrada-. Y la ecuación es muy simple: si disfrutás de un lugar tan bello, vas a querer volver. ¿Por qué no te llevás la basura? No hay motivos para desparramarla ahí. No suelo hacer posteos así. Nadie busca que le bajen línea, sino que lo entretengan. Pero quería que supieran que me molestaba».

-Y hace unos años participaste de un proyecto ecológico, diseñando una remera con el arte de “Blood Like Lemonade” (2010). ¿Cómo fue esa experiencia?

-Muy divertida. Voy a hacer otra colaboración con un negocio en Londres que se llama Liberty. Son bastante famosos por sus pisos llenos de telas, y el encargado es fan de Morcheeba. Me invitó a ver pinturas hechas a mano de 1920, y como regalo me dio telas con las que me hice algunos vestidos. De hecho, hace poco usé uno en un programa de la conductora Sara Cox.

-Con tantas giras, ¿tenés el tiempo para seguir cosiendo la ropa que usás en los shows?

-Sí, y para este tour hice la mayoría cuando estaba en casa. Usualmente preparo los vestidos en función de los discos. Los colores de “Blaze Away” son el naranja y el rojo, así que compré telas y cueros con esos tonos. También el tartán: ya que mi esposo es de Escocia, sumé algo de eso en mi colección. A veces estamos de gira en una nueva ciudad y vamos a caminar, y si veo algo que me gusta, lo agrego a mi placard.

EL LADO B DE LOS SHOWS

Hagamos un juego: por unos segundos, imaginate ser una estrella de la música. Seguramente, lo primero que se te venga a la cabeza sean los hoteles lujosos, los camarines llenos de comida y el cariño de los fans. Pero esto último, sobre todo, puede salirse de control: más aún si te toca tironearte sobre el escenario con un tipo desnudo y cubierto de barro.

«Es verdad, y pasó en Hungría -recuerda Skye entre carcajadas-. Fue una tarde muy loca, porque había tormenta y sentíamos que la energía y la atmósfera estaban tensas. Nuestro staff rugía del mal humor, había insectos enormes, y ese tipo se subió al escenario y me agarró de la mano. Sólo tenía puesta una remera, y me obligó a bailar con él. Los de seguridad trataron de bajarlo, pero no me soltaba, y hubo un tironeo. Luego lo echaron, pero se volvió a subir… ¡totalmente desnudo! Una locura, en medio de la lluvia».

La anécdota continúa, y se vuelve aún más hilarante. «Ahí lo arrestaron y lo metieron en un auto de la policía, pero salió por la otra puerta y se fue corriendo hacia el bosque, con las manos esposadas y completamente desnudo. No sé qué le pasó y espero que esté bien, aunque imaginate correr por el bosque con los brazos atados a la espalda (risas). Igual eso no nos sacó las ganas de volver allá, para nada. Son cosas que pasan».

-¿Decís que esas locuras les suelen suceder?

-Sí. Lo más feo es cuando llueve al aire libre. Nos ponemos muy mal por el público, porque pagaron un dinero importante para ir a determinado festival, y duermen o acampan ahí todo el fin de semana… hasta que les avisan que tenemos que cancelar. A mí me no me molesta cantar bajo la tormenta, y disfruto de ir al borde del escenario y mojarme con los demás. Puede ser divertido mientras no haya peligro de electrocutarme con los equipos, que por suerte aún no me ocurrió (risas).

-Hace poco tuviste un “intercambio” con un fan que no paraba de filmar en Estambul. ¿Creés que los celulares arruinan los conciertos?

-Fue así: el tipo estaba adelante de todo, y miraba el recital a través del teléfono. Para mí se estaba perdiendo la experiencia, al recibirla por una pantallita. Entonces le saqué el teléfono. Varios se pusieron contentos, porque a ellos los tapaba ese aparato a la altura de sus hombros. Al final del concierto se lo devolví y nos sacamos una selfie, así que todo bien. Pero incluso cuando mires esos videos, jamás va a ser lo mismo: en el lugar hay amplificadores gigantes, y algo procesado por el microfonito de un teléfono no va a sonar bien. Entiendo que la gente quiera grabar, y yo misma lo hago cuando voy a un concierto. Pero disfruto la experiencia de compartir con los demás que están ahí, absorbiendo cada cosa, ¿sabés? Lo que se vive en un show no se puede “descargar”, realmente tenés que ir. Y es lo fantástico del asunto.

-¿Y qué pensás, por ejemplo, de las bandas que le piden al público que deje el teléfono en una bolsa antes de entrar?

-¿Qué? ¿Eso pasa en los recitales?

-Sí, ya lo implementaron varios artistas de renombre.

-Lo haría en el cine o en las obras de teatro, pero no en los conciertos. Para nosotros hay un lado positivo, porque mucha gente comparte videos y fotos de Morcheeba. Tenemos un gran director de luces, así que las imágenes se ven bien, y quizás alguien dice: “oh, me gustaría ir”. Una de mis cosas favoritas es pedirle a la gente que prenda sus flashes al final, y salen lindos en la foto grupal. Entonces no los prohibiría por completo, porque es la forma en la que nos relacionamos hoy. Y me incluyo: hace poco dimos un show en Francia, me conecté en FaceTime con mis hijos y lo pudieron ver. Yo puse el teléfono detrás del escenario, y ellos lo miraron desde la cocina. Para mí hay que aprender a moderarse: podés sacar unas fotos y disfrutar. Todo lo que hagas va a estar bien, mientras haya equilibrio.

Morcheeba tocará el domingo 20 de octubre en el Teatro Coliseo, en una gira que también incluye a México, Chile y Brasil. Las anticipadas se consiguen a través de Ticketek.