Nick Oliveri, antes de tocar con Mondo Generator

Antes de volver a Buenos Aires, el bajista habla del robot policía que casi tumbó la puerta de su casa, recuerda cuando rechazó a Scott Weiland, las veces que grabó ebrio con Queens of the Stone Age y sus peleas con Kyuss en el escenario. Además, adelanta los próximos discos de su banda principal.

Nick Oliveri es, esencialmente, un tipo impredecible. Quizás por eso se convirtió en uno de los personajes más interesantes del rock. Básicamente, siempre tuvo una forma de vida más cercana al punk que cualquiera (algo así como una versión controlada de GG Allin). Es una anti-estrella, un trovador de culto capaz de componer canciones rabiosas como “Six Shooter”, pero también baladas sentimentales al estilo de “Auto Pilot”. Y sin dudas, consumió mucho más que nicotina, valium, vicodin, marihuana, éxtasis y alcohol.

Por todo eso, no resulta extraño que el S.W.A.T. haya aparecido en su casa en 2011 (luego de una pelea con su novia), y que los oficiales se toparan con un rifle cargado y varias dosis de cocaína y metanfetaminas. Pero lo que a Oliveri le sorprendió fue la forma en la que se presentaron.

“¡Vinieron a tirarme la puerta abajo con un robot! Aparentemente, cuando la policía te visita, tenés que abrirles. No sé cómo funciona -ironiza del otro lado del teléfono-. Mi casa tenía una ventana en la entrada, y le pusieron un ariete al robot para que tirara abajo la puerta, aunque no pudo. Al rato escuché que se rompían todos los vidrios, y dije: ‘¿Qué carajos?’. De repente, vi un haz de luz enorme que me cegaba los ojos, y el robot tenía una cámara o algo así. Fue una pesadilla”.

El androide lo inspiró a componer una de las canciones de “Leave Me Alone” (2014), justamente llamada “The Robot Man”. Pero desde aquella noche sucedieron muchas cosas. No sólo vino a la Argentina con Kyuss Lives!, la reunión del grupo fundacional del stoner, sino que reflotó Mondo Generator -su proyecto principal- y tocó con The Dwarves, Bloodclot, B’last y una lista inmensa. En el medio, también se mudó al desierto. Además de impredecible, Oliveri es imparable.

“Me fui de Los Ángeles por ser honesto con lo que puedo pagar -vuelve a reírse, y suena como un nene chiquito haciendo una travesura-. No estoy más en Queens of the Stone Age, así que es una etapa distinta. Pero no me quejo. Es más realista vivir en esta zona, y crecí acá. Fue como regresar a casa”.

De todas formas, Oliveri reside en el “high desert” (que comprende a Morongo y Yoko Valley, Twentynine Palms y Joshua Tree), mientras que Kyuss se originó en Palm Springs. “Acá es mucho más tranquilo -remarca-, y no hay demasiadas casas ni vida nocturna. Todo cierra antes de las nueve, y ni podés encargar comida rápida. En Los Ángeles, si quería algo de comer a las doce de la noche, iba y lo compraba. En esta zona, una familia no podría mantener un restaurante las 24hs. Pero amo el desierto, es inspirador para la música y fue influyente para el disco que voy a sacar con Mondo Generator. Me la paso de ciudad en ciudad todo el año, y está bueno relajarse y descomprimir”.

KYUSS: LOS CHICOS PUNK CREAN EL STONER

-Dos de tus excompañeros, John Garcia y Brant Bjork, difieren sobre el desierto. El primero dice que fue “muy importante” para el sonido de ustedes, mientras que el segundo opina que “podrían haberlo hecho en cualquier lado”. ¿Cuál es tu visión?

-Los dos tienen razón. Hay un montón de bandas de stoner alrededor del mundo, y graban discos increíbles sin venir acá. Pero sé que, con Kyuss y en los principios de Queens of the Stone Age, los temas fueron muy inspirados por el ambiente. Mientras toques la guitarra y lo sientas, podés dejar que la música haga su magia en cualquier lado. Odio que suene a cliché, pero realmente te lleva a diferentes lugares de la mente. Aunque ambos están en lo correcto, el sonido desértico fue muy importante. Hubiera sido distinto si hubiéramos surgido en el centro de Los Ángeles, por ejemplo.

-Y para ustedes era muy complicado tocar en esas ciudades. Incluso, publicitaban los recitales como: “¡Vengan y vean a Kyuss pelearse!”.

-Bueno, éramos jóvenes y estúpidos (se ríe). John rompía los micrófonos para “meterse en la música”, y aunque no sea precisamente una idiotez… ¡tampoco es muy inteligente! Especialmente porque él no tenía en cuenta que el aparato era del dueño del club. A veces el sonidista se enojaba y subía al escenario; nos agarrábamos a piñas y se armaba un lío. Éramos pendejos de dieciocho años llenos de alcohol y demás, y muchas veces esas peleas eran nuestra culpa. Lo del aviso fue una especie de joda que salió en el LA Weekly, y decía que además de agarrarnos a piñas, “íbamos a tocar algo”: Era gracioso, y nos trajo mucha prensa. Un montón de gente empezó a venir. Fue una broma ridícula, pero generó curiosidad. Igual, pelearse es una mierda: ganes o pierdas, no es algo para enorgullecerse. ¡Incluso, a veces lo tiraban a John Garcia del escenario! Éramos chicos punks tocando heavy, la etiqueta “stoner” apareció mucho después. A veces, yo mismo volaba por los aires y caía sobre mis rodillas. Después me dolía un montón, ¿por qué habrá sido? (se ríe). De joven no pensás en eso, pero al envejecer es una agonía imparable. A los 45 me di cuenta de que si de repente me dolía el brazo, era por algún show en el que me lo había roto de pendejo. Son dolores recurrentes que van y vienen (se ríe). A los 19 me sentía indestructible: hacía lo que fuera, tomaba de todo hasta cualquier hora, y me despertaba bien al día siguiente. Ahora es imposible.

-Eso me recuerda que la primera vez que viste a The Dwarves, Blag Dahlia te pegó en la cara…

-(Se ríe). ¡Sí! Oh, ese tipo… encima salté sobre la batería, y suspendieron el show a la mitad. Sin embargo acá me ves hoy, terminé tocando en esa banda. Siempre fue un gran amigo, y cuando tuve altibajos me dio lugares para quedarme. Dormía en el piso en un pasillo, o lo que fuera. Es gracioso que la primera vez que los vi haya pasado eso, porque encima era en el medio de un tema. Yo simplemente cantanaba con los ojos cerrados, y sentí la trompada. A veces nos acordamos y nos reímos.

-Cuando Kyuss comenzó a hacerse grande, les daba miedo que sus amigos del desierto pensaran que se estaban “vendiendo”. Incluso, contaste que hicieron muchos sacrificios. ¿Recordás cuáles?

-Bueno, hay un montón de cosas que tienen sentido para cualquier banda, como el merchandising. Y Kyuss tuvo sólo dos remeras en toda su historia: una de “….And the Circus Leaves Town” (1995) y otra de “Blues For The Red Sun” (1992), pero hecha por el sello y con una foto de mi amplificador. No las hicimos nosotros: no queríamos que pensaran que nos habíamos convertido en una empresa que vendía ropa, ni que éramos arrogantes. Pero fue irrisorio, porque necesitábamos dinero para pagar la nafta de la gira y llegar a las siguientes ciudades. Además, alguien podía interesarse si nos veía en una remera. ¿Lo más gracioso? Que todas las bandas que iban al desierto llevaban merch… ¡así que los idiotas éramos nosotros! (se ríe). Al principio, la gente de nuestra comunidad no estaba tan interesada en Kyuss, y por eso nos movimos rápido a Los Ángeles. Fue el primer lugar en el que conocimos un público distinto, y los del desierto se dieron cuenta de que íbamos en serio.

-¿Y es verdad que durante años ni tuvieron un afinador?

-¡Sí! El primer disco, “Wretch” (1991), está en SI. Cuando conseguimos ese bendito aparatito, subimos a DO, y nos quedamos ahí para “Blues for the Red Sun”. Lo loco era que ni siquiera teníamos cuerdas especiales para aquellos tonos. No lo entendíamos, y afinábamos de oído, con respecto al otro. Cuando ensayábamos John se cansaba de esperar, porque hasta encontrar el sonido estábamos “paam, paaaam…”. ¡Conseguite un afinador, man! (se ríe). A Josh Homme le gustaba el sonido de su guitarra en cualquier tono, y empezó siendo SI. Mis cuerdas parecían banditas elásticas por tanta baja tensión, y en “Wretch” se escucha al bajo haciendo “paung, paung”. De alguna manera fuimos innovadores, si querés.

QOTSA CON NICK: EL ROCK MÁS COMBUSTIBLE

Oliveri fue un componente clave de la versión realmente inflamable de Queens of the Stone Age. Esa relación se rompió después de haber grabado y co-compuesto discos clásicos como “Rated R” (2000) y sobre todo “Songs for the Deaf” (2002), que elevaron el stoner al verdadero mainstream.

¿Lo curioso? La única canción que el bajista grabó sobrio fue “You Think I Ain’t Worth A Dollar, But I Feel Like A Millonaire”, una de las más agresivas. “Eso es muy real -se ríe-. De joven tomaba un montón, y aunque no iba al estudio totalmente borracho, ahí no usé nada de alcohol. Pero resultó muy bien, ¿verdad? Muchos músicos se ponen nerviosos y dicen: ‘Bueno, voy a tomar un trago para relajarme’. Son cosas que van de la mano, y para mí también funcionaba”. Aunque Oliveri sea imparable, inestable e incontrolable, también es uno de los más amables de su estirpe.

Sin embargo, se ataja: “Desde ahí grabé un montón sin tomar, eh. Siempre puedo tener una cerveza, pero no como una necesidad, sino por gusto. Al tocar en vivo, un trago o un cigarrillo me calman. A veces, las cosas me salían incluso mejor si tomaba o me daba con algo”.

-Una vez que te fuiste de QOTSA, rompiste tus bajos y dejaste de practicar por un año. Hasta hace poco, tu mayor preocupación era recuperar ese nivel. ¿Sentís que lo lograste?

-Sí, era una intranquilidad mía, y no sabía si iba a poder volver a aquel estado. Durante una fase de Mondo Generator no me hallaba contento con el baterista, y mi forma de tocar no iba a ningún lado. Cuando no hay química, surgen problemas y sos infeliz. No puedo mejorar si estoy disconforme con la otra mitad de mi sección rítmica, ¿sabés? En un momento me di cuenta de que todo se caía. Ahora pasa lo contrario: con cada show mejoramos, y es genial tenerlo a Mike -Amster, de Nebula-. Por suerte, hoy estoy tocando nuevamente de forma poderosa.

MONDO GENERATOR: VOLVIENDO A LAS RAÍCES

“Escribimos el mejor álbum posible entre todos”, dice Oliveri sobre “As Good As It Gets (Fuck It)”, el disco que sacará en unos meses con la actual formación de su grupo madre, que incluye al guitarrista Mike Pygmie (también bajista de John Garcia) y al baterista Mike Amster. “Me gusta cuando escribimos todos, y no solamente yo. Cada uno le metió algo, y quedó mejor. Hay partes difíciles de tocar y cantar a la vez, pero adoro los desafíos”.

El material fue registrado en Pink Duck Studios, de su amigo Josh Homme, en sólo cinco días. Oliveri cuenta que llegaron al lugar con “el 90% de los temas compuestos”, y que apenas modificaron partes. También adelanta algunos de los invitados: Blag Dahlia, el vocalista de The Dwarves que le había pegado una piña, canta en un track. Y Bob Balch, el guitarrista de Fu Machu, aporta el solo de “Nowhere Man”, que abre el disco.

“Me di cuenta mucho más tarde que había una canción de los Beatles que se llamaba así. Sabía que existía, pero no se me pasó por la cabeza hasta que la grabamos. ¡Me sentí un tarado! -agrega riéndose-. Obviamente, no suena ni parecido. En esencia, el hombre del título soy yo, que vivo en el medio de la nada. A veces me siento así”.

-El año que viene también va a salir “Shooters Bible”, un disco de sesiones perdidas de 2010. ¿Cómo las recuperaste?

-Ahí éramos un dúo, con el baterista Hoss Wright. Yo hice todos los bajos y las guitarras, incluyendo los solos. Me divirtió mucho, porque toqué de forma diferente a la de un verdadero guitarrista. Hace poco encontré la sesión, y me di cuenta de que sonaba muy bien. Los tipos de Heavy Psych Sounds se ofrecieron a sacarla, así que va a ser un lindo material coleccionable.

-Y el título remite a la parafernalia norteamericana sobre las armas, ¿no?

-Sí, claro. Blag me había regalado un viejo catálogo de armas, y dije: “Wow, este es un gran nombre”. Para mucha gente, tener una pistola es algo religioso. ¿Alguna vez viste esas biblias falsas? Parece que tienen páginas, pero la gente guarda dinero o posesiones de valor. Es paradójico que algunos las usen para ocultar sus armas.

-Hace un tiempo, Mondo Generator era un proyecto paralelo. ¿Sentís que se volvió tu banda principal?

-Sí, absolutamente. Somos un trío, y ahora estoy con la gente correcta. Todavía toco con The Dwarves y demás, porque sigue habiendo tiempo entre los tours y las grabaciones, pero está bueno que la bola siga rodando y componer. Los otros proyectos no son míos; de hecho, si Blag dice “no puedo seguir más con los Dwarves”, se termina. Fue bastante estúpido habernos puesto en el congelador, sabiendo que teníamos buenos temas y grandes composiciones por salir. El momento es ahora. Tocar con Mondo Generator me mantiene ocupado y fuera de problemas. No aguanto para que todos en la Argentina escuchen las nuevas canciones. Vamos a presentar algo de eso, y material viejo y de otras bandas, incluyendo Queens y Kyuss. Estuvimos practicando un montón. Nos pone muy ansiosos ir a Sudamérica: va a ser muy divertido, incluyendo el Death Acoustic -se refiere al concierto de esta noche-. Es bastante íntimo y casi siempre me cruzo con todos y cada uno de los que van. Si alguien quiere hablarme, me divierte y creo que es bueno para el que le agrada mi música. Me gusta hablar, tocar, que la gente cante conmigo y que también griten sus pedidos. Si me acuerdo del tema, lo voy a improvisar. No es un acústico tradicional, sino algo extremo. ¡No van a ver a un tipo que toca el banjo con los dedos! Canto lo más fuerte que puedo, sudo y sangro.

-Por último, ¿es verdad que Joey Castillo te invitó a tocar en la banda de Scott Weiland, pero lo rechazaste?

-Oh, sí. Él terminó muriendo en esa gira, y hubiera sido terrible lidiar con eso. Siempre es una mierda que alguien fallezca, pero en tales circunstancias es más dramático. No acepté porque no me había metido con su música. Además, me parece que no hubiera sido demasiado bueno para mi excelente reputación, ¿verdad? (se ríe). Sé que estoy haciendo una broma con algo horrible, pero imaginate. Hubieran dicho: “¡Fue él! Si está Nick, algo tiene que ver”. Todos se habrían dado vuelta diciéndome: “¡¿Qué carajos hiciste ahora?!”, y yo respondiendo: “¡Acá no fue mi culpa!”.

-No sé si te enteraste, pero lo primero que hicieron apenas él murió, fue investigarlo al bajista…

-No me cabía ninguna duda. Así son, ¡lo sabía! Tenés que cuidarte de esos tipos, te lo advierto (estalla en carcajadas).

Mondo Generator tocará el miércoles 13 de noviembre en Casa Colombo (Gallo 557). Las anticipadas se consiguen a través de Eventbrite, y habrá un remanente en puerta. Además, Oliveri dará hoy un show acústico en Carnal (Niceto Vega 5511).