Una noche eterna: Spinetta en Velez

El 4 de diciembre de 2009, en el estadio de Velez en Buenos Aires, se dio un hecho histórico: Luis Alberto Spinetta convocó a un show para celebrar sus 40 años con la música. Prometió repasar canciones de Almendra, de Pescado Rabioso, de Invisible, de Jade, de los Socios del Desierto. Y también prometió algunos invitados. La sorpresa fue agrandándose a medida que desfilaron más de 40 músicos en escena, para interpretar 52 canciones a lo largo de casi cinco horas de recital.

A 10 años de aquella noche eterna, en este especial de Rock.com.ar, disponible para libre reproducción, brindan su testimonio los periodistas Miguel Angel Dente y Sebastián Grandi, el fanático Jorge Kasparian y el productor del evento, Pablo Mangone.

Trascripción

4 de diciembre de 2009. Viernes. Pasadas las 21, en el estadio de Velez, en el barrio porteño de Liniers, está comenzando algo histórico. Luis Alberto Spinetta convocó a un show para celebrar sus 40 años con la música. Prometió repasar canciones de Almendra, de Pescado Rabioso, de Invisible, de Jade, de los Socios del Desierto. Y también prometió algunos invitados. Empezaban las Bandas Eternas.

El primero de nuestros invitados en este especial de Rock.com.ar es Pablo Mangone, personaje clave en esta historia. Dueño de una casa de instrumentos, donde conoció a Spinetta y a Gustavo Cerati, entre muchos otros. Pero su gran mérito fue haber sido el tipo que convenció a Luis de encarar el auto-homenaje. Así se le ocurrió la idea:

Pablo Mangone: La idea sale de una charla íntima entre nosotros. No importan los detalles, pero era un mal momento personal de Luis, con las discográficas y otras cosas. Después de una larga charla, la verdad es que no me quedé nada bien. Esa noche me quedé despierto hasta tarde, pensando, y empecé a encontrar coincidencias. Faltaba poco para que se cumplieran los 40 años del primer disco con Almendra, faltaba también poco para que él cumpliera 60 años… y se me cruzó por la cabeza: si todos sus colegas lo adoran, porque Luis no era solamente ídolo de sus fans, sino también de sus pares, qué tal si se lo contamos? ¿Cómo un tipo tan groso, cómo un artista semejante podía estar pasando un mal momento.

¿Cómo fue el momento preciso en el que se lo propuso?

Pablo Mangone: Fue exactamente el 24 de diciembre de 2008. Lo pasé a saludar por Nochebuena y se lo dije. Obviamente, todos sabemos que la respuesta más probable era no. O que estaba loco o cualquier cosa, porque Luis nunca quería ir para atrás. Pero su respuesta fue “lo vemos”, así que me fui casi tan contento como si me hubiera dicho que sí.

Spinetta siempre fue reacio a estas cosas. ¿Por qué ésta vez dijo que sí? ¿Por insistencia?

Pablo Mangone: No fue por insistencia. Con Spinetta no funcionaba para nada la insistencia. Lo dijo en una conferencia y también lo dijo su hermano. Lo había asumido y aceptado por dónde venía, porque nos unía el amor por las guitarras. Porque no era una producción tomada como negocio. De hecho, no se pensó en los costos, se pensó en la historia, en el contenido. Me parece que pasa por ahí.

Mangone casi que se saca mérito. El periodista Sebastián Grandi hace su aporte para explicarnos, justamente, dónde estuvo la clave.

Sebastián Grandi: Lo que lo hizo cambiar de opinión a Spinetta era que finalmente tuvo una conciencia sobre la fuerza de su obra y de su carrera artística. Que todas las bandas que él había formado eran un fenómeno que no se había repetido y que tenía mucha penetración en la conciencia de la gente y, además, atravesaba muchas generaciones. Durante un tiempo habrá resistido ese impulso de reunir a las bandas, porque miraba hacia adelante con esa idea de “mañana es mejor”. Sin embargo, finalmente se dio cuenta que la fuerza que tenía su propia carrera merecía un espectáculo de estas características.

Volvamos al show en Velez. Las entradas se pusieron en venta un mes antes, con valores que iban desde los 80 a los 350 pesos. Andá a saber cuántos dólares serían. Ese dato seguramente estará en internet, pero poco importa. Porque, por cursi que suene, el valor histórico de lo que pasó aquella noche no se mide en dinero. Las estadísticas hablan de 40mil espectadores para presenciar 52 canciones; más de 40 músicos invitados que pasaron por esas más de 5 horas de show.

El cordobés Jorge Kasparian tiene devoción por Spinetta. Publicó el libro «Luisito», con testimonios de 30 personas que conocieron de cerca y convivieron con el músico. Anteriormente, condujo un programa de radio, dedicado por supuesto a todo el universo spinetteano, y llevó adelante un emprendimiento único: la biblia spinetteana, un libro con páginas de tela impresas en serigrafía. Y como si fuera poco, Kasparian tiene muy buena memoria.

Jorge Kasparian: El show empezó un poco más tarde de lo pautado. La primer sorpresa es que empezó con “Mi elemento”. Él empezó de atrás para adelante, porque termina con Almendra. Fue épico, fue histórico por todo el desarrollo. Imaginate que en la primera parte iban desfilando determinado calibre de músicos… Pasó Gustavo Cerati, pasó Fito (que recrearon “Asilo en tu corazón”, de “La la la”), pasó Charly. Pasó Juan Del Barrio, Diego Rapoport, Leo Sujatovich, Guille Vadalá (que fue algo así como el director musical). Después, en la segunda parte, no lo podíamos creer. Arrancó Los Socios con Javier en la batería, porque Daniel había fallecido. Volvimos a ver a Invisible. Invisible para mí es la mejor banda de la historia de la música. Superando a quien quieras: a los Beatles, a Floyd, al que vos quieras. Invisible es insuperable. Arrancó sonando y parecía que hacía 15 minutos que habían dejado de tocar, no 30 años. Subió Pescado Rabioso, lo vimos a David Lebón, a Bocón Frascino. Después sube Almendra, hacen la versión de “Muchacha” casi coral. Pasaron cosas impresionantes. En un momento dado, sobre el escenario entre los tecladistas estaban el Mono Fontana, Claudio Cardone y Fito Páez. Si esto fuera fútbol sería el mejor mediocampo del mundo.

El periodista Miguel Ángel Dente, autor de varios libros en los que analiza en profundidad la carrera de músicos como Charly, Fito, Calamaro o Cerati, es también autor de «Tícher de luz», obviamente sobre Spinetta, y de «El concierto del aire», junto a Lucas Fernández, sobre aquél show en Vélez. Para los que no estuvieron, y también como recuerdo para los que vivieron esa noche mágica.

Miguel Ángel Dente: El libro fue encarado desde el pricipio, desde que Spinetta se decidió a hacer el concierto, cómo fue cobrando forma, cómo se eligió el lugar, la conferencia de prensa inicial, el lugar donde se mostró el primer material, el concierto en sí mismo track por track (con las alocuciones de Spinetta, algo que no aparece ni en los DVDs ni en los CDs) y la presentación después de la caja, en Niceto. Está todo del principio al fin.

Palabra más que autorizada la de Miguel para reconstruir esa noche eterna.

Miguel Ángel Dente: Los que estaban ahí sabían perfectamente con qué se iban a encontrar. No era nada fácil juntar a Almendra, o juntar a Pescado o juntar a Invisible. O que reaparecieran músicos de Spinetta Jade o los Socios del Desierto al lado de Luis. Pero ahí estaban todos juntos, una cosa casi imposible. Se sabía de antemano que iba a ser así y cubrió y superó las expectativas de todos nosotros, los que estuvimos ahí.

Grandi opina más o menos lo mismo.

Sebastián Grandi: Sin lugar a dudas las 40mil personas que asistieron tenían plena conciencia que se iban a encontrar con la historia de su vida. En los días anteriores hubo señales al respecto. Yo me acuerdo haber ido a la conferencia de prensa, que se hizo en San Telmo, donde se presentó la idea y tocó una formación de Pescado Rabioso con Vadalá en bajo, porque Bocón estaba en la guitarra. Pero me acuerdo que ahí en esa conferencia de prensa quedaba claro que iba a ser algo histórico.

Pero Kasparian no está tan de acuerdo.

Jorge Kasparian: En ese momento estoy seguro que no. El Flaco no hacía estadios, no llevaba tanta gente. Sin embargo, el espectáculo toma trascendencia cuando lo presenta en San Telmo, tocan un par de temas y ahí se supo un poco más de qué se trataba. Nunca se supo que iba a durar lo que duró e iba a haber tantos invitados. Toma trascendencia para el público general una vez consumado el hecho. Y a medida que pase el tiempo la dimensión va a ser mucho mayor. Hubo una posibilidad de una segunda fecha, pero Luis dijo que no. Un show que no le dieron la trascendencia que le tenían que dar. Mientras más pase el tiempo, ese show va a ser único. Fue tremendo lo que pasó.

Así lo ve en perspectiva Sebastián Grandi.

Sebastián Grandi: Yo creo que a la distancia marcó esa noche fue la importancia de Spinetta en la música popular argentina. Una sola persona atraviesa generaciones, bandas, géneros. Todo el universo musical se rindió a sus pies y se sintieron halagados al ser invitados. Él tenía una relación con la fama un poco refractaria. Un tipo muy humilde, poco amigo de la idolatría tan clásica en la industria del rock. Sin embargo, me parece que esa noche aceptó su rol de superestrella de la música popular argentina y se puso ponerse frente a la gente como lo que realmente es: como referente para todos, una luz en el camino, una guía musical, espiritual, poética… De alguna manera, a la distancia podemos decir que hubo un hito en su vida y los 40mil personas que estuvimos aquella noche en Vélez fuimos parte de esa historia y tuvimos la alegría de poder ver a todas las formaciones del Flaco juntas, lo cual es verdaderamente increíble.

Se cuenta que en algún momento todo el proyecto pudo haberse cancelado. ¿Es cierto que Spinetta estuvo a punto de suspender el show, enojado por la tapa de la revista Rolling Stone? Escuchá a Miguel Dente.

Miguel Ángel Dente: El periodista Juanjo Carmona trabajó en el staff para la realización de este show. Fue el único que dio este testimonio y, si hizo esa declaración, es porque fue así. El día anterior Luis llegó tarde al ensayo, muy enojado porque la revista había quitado la frase de las fotos que habían tomado con Charly para la portada. Finalmente la ex esposa logró convencerlo de que había muchísimas personas involucradas y que tenía que seguir adelante.

Jorge Kasparian nos da más detalles de la situación.

Jorge Kasparian: No hubo pelea ni discusión interna. Luis le dio la entrevista a la Rolling Stone, con la única condición que iba con la remera de Conduciendo a Conciencia. Desde el momento de la tragedia del Colegio Ecos siempre adhirió a la causa, hasta el último día de su vida. Pasó algo simple que suele pasar en los medios que eventualmente no tienen determinados códigos o no les interesa: Photoshopearon la foto, borraron el logo de Conduciendo a Conciencia, que para Luis era muy importante. Nunca estuvo en duda el show. Para nada. Si te fijás, al final, la última canción fue “No te alejes tanto de mí”, Luis invita subir al escenario a todos los músicos. Todos suben con la remera y termina diciendo algo al aire, en clara alusión al photoshopeo que hace la revista y con el dedo como un fuckyou. Pero jamás se pensó en suspender el show.

Y escuchamos la voz de Mangone, el productor del show:

Pablo Mangone: En cuanto a la producción no hubo dudas, pero en cuanto a Luis, sí. Pero por sus miedos, más que nada. El día que teníamos que contarles a la banda de Luis de ese momento de qué se trataba lo que íbamos a hacer, en vez de ponerme a hablar yo para contarles, empezó él a hablar que le daba miedo, que temía hasta por su salud, que era un monstruo gigante… así que ahí se fue del ensayo tranquilo a su casa. Al otro día nos juntamos de vuelta y retomamos. Pero no por la producción, sino por un miedo lógico de Luis.

Desde que Luis dio luz verde para avanzar con el proyecto hasta la fecha del show el trabajo fue muy intenso. Y los tres meses finales, no pararon. Mangone nos cuenta que todas las decisiones eran de Luis. No dejó ningún detalle sin atención. El lugar elegido para trabajar fue el Polo Saldías, unos galpones en la zona de Recoleta. Pero escuchemos al propio Pablo que nos da detalles de los ensayos.

Pablo Mangone: El lugar tenía que ser grande. No podía ser una sala de ensayo tradicional. Y salió bien. Un familiar mío tenía unos depósitos en Retiro. Y al lado había un depósito abandonado, que se había usado en uno de los primeros mercados centrales. Fue un hallazgo. Lo reacondicionamos todo a nuevo, lo iluminamos y nos mudamos ahí todos, durante unos meses. Era todos los días ensayo, de lunes a lunes. Luis se mató laburando, estaba siempre. Teníamos armados cuatro sets, para Invisible, Pescado, Almendra y la banda de ese momento. Como enfrentados. Y el día que le tocaba a uno, se tocaba desde ese lado. Una gran familia, lo pasamos muy bien. Todos trabajando en armonía. Lo más importante, el secreto de por qué salió todo bien, fue la calidad humana del equipo. Siempre lo pensé como algo grande. Desde el primer momento. La primera idea había sido que no tocara él, sino todos los demás. Que no tocara todos los temas y sí hiciera un cierre. Él se encargó de darlo vuelta y me pareció mucho mejor.

Poco a poco se fue avanzando en la producción. Como ya lo comentaron acá nuestros invitados de hoy, Luis era admirado por sus pares, y por eso todos quisieron estar presentes. Y particularmente Gustavo Cerati, que fue invitado a último momento. Una situación risueña, que marca cómo era Luis.

Pablo Mangone: Antes de hablar con Luis lo hablé con Gustavo. Me dice “avisame con tiempo, porque yo quiero estar”. Pasa el tiempo y Luis iba invitando a los artistas y nunca lo llamaba a Gustavo. Pasó el tiempo y Gustavo tomó una fecha en Uruguay para un show, para el mismo día. Yo me entero y le digo a Luis “no lo llamaste a Gustavo, por qué?”. Me dice “porque siento que está el gigante dormido y yo lo voy a molestar para que venga conmigo”. Le dije “llamalo, porque el gigante, para él, sos vos”. Lo llamó ese día, Gustavo le dijo que sí, y por otro lado me iba enterando de la crisis en el equipo de Gus para cancelar el show de Uruguay, pero él no se iba a perder ésto.

Los 40mil privilegiados que estuvieron aquella noche del 4 de diciembre de 2009 en Vélez tendrán seguramente imágenes que recordarán para siempre. Es muy difícil elegir un solo momento, una sola sensación entre tantas que sintieron, pero ahí fue el desafío.

Sebastián Grandi: Yo estaba en una platea y podía ver desde arriba el campo, y lo que me llamó la atención es ver a en las primeras filas a Gustavo Cerati, a Charly, verdaderos ídolos que estaban mirando con admiración a Spinetta. Ésa es la imagen que tengo, de ídolos del rock admirando a otro ídolo del rock. Es una imagen de la que no me quiero olvidar nunca.

Miguel Ángel Dente: Lo que más me gustó fue Invisible, pero era lo que yo quería ver. Me gustó más Invisible porque tiene un sonido más intricado que contrasta mucho con la música que se hace hoy en día. Eso quería escuchar, algo que me remitiera a otra época. Invisible era el grupo que mejor conseguía esa sensación.

Pablo Mangone: Se generaron muchas historias de familias. Había muchos padres con hijos. Gente que escuchaba Invisible o Pescado y les había hecho escuchar eso a sus hijos y se pudieron dar el gusto de llevarlos a escuchar esa banda en vivo. Esa noche fue increíble hasta en la duración, la gente no se movía y duró más de cinco horas.

Jorge Kasparian: Para mí fue un antes y un después porque ahí me di cuenta que éramos muy felices, que era el regalo final, no porque pensáramos en otra cosa, porque Luis no sabía que estaba enfermo. Y la pregunta era qué sigue después de ésto. Siguió tocando, haciendo shows increíbles. Hubo una conjunción planetaria que dio la posibilidad que estuviéramos ahí. Y no tiene precio, no tengo forma de describírtelo. Fue tremendo, fue glorioso, fue antológico, fue algo épico lo de las Bandas Eternas.

Estamos llegando al final de esta producción de Rock.com.ar, con entrevistas de Tatiana Scorciapino, en la que recordamos aquella noche eterna. Te invitamos a que nos busques es Spotify para escuchar otros especiales y más podcast. Y como cierre, otro desafío para nuestros invitados: definir al Flaco Spinetta en una palabra.

Miguel Ángel Dente: Si tuviera que decir una palabra para definir a Luis diría Universo

Sebastián Grandi: Qué difícil… Luis en una palabra sería inspiración

Pablo Mangone: Definirlo es muy complicado porque no hay ninguna que me alcance. Amigo, podría ser una interesante. Ser querido lo define mejor. Cualquiera sea el caso, la persona por sobre el artista.